Durmiendo con "Sole"
Después de desayunar,
nos pintamos los labios, y nos fuimos a la calle. Paseamos, charlamos, nos
compramos ropa innecesaria,… Y acabamos en una de las terrazas de moda,
bebiendo Gin Tonics.
Los planes con Mónica
siempre acaban igual. Me encanta. Aunque tenía un sabor agridulce porque sabía
que ella no lo estaba pasando nada bien. “Sobreviviré, loqui”. Es lo que siempre me
decía.
Cuando volvía a casa,
embriagada de enebro, algo me hizo pararme en seco. Era él. Y no sólo eso, iba
con ella del brazo.
He de decir, que la
mayoría de los hombres con los que he mantenido una relación, han sufrido una
mejora considerable en su vida. Se han casado, han tenido hijos, han cambiado
de trabajo,…soy como una especie de talismán.
Y, he de decir, que esta
chica era reamente un pibón. Es una sensación extraña. Noté como un golpe seco
justo en la boca del estómago. Duró siete segundos. Un dolor breve e intenso.
Pero pasado ese tiempo…desapareció. Siguió estando ese vacío que dejó hacía más
de un año ya.
Fue muy raro, pero
sonreí. No sentí nostalgia, ni añoranza, ni tristeza. Fue más un “Bueno, me
alegro por ti. Espero que seas feliz. Cierra la puerta al salir.” Nada más.
Estuve temiendo ese
encuentro desde que me enteré que estaba saliendo con ella, y me sentí bastante
orgullosa de mi reacción. Quizás era aquel momento lo que necesitaba para
seguir avanzando.
Aún recuerdo aquella vez
que Mónica se empeñó en que fuésemos a echarnos las cartas del tarot, y aquella
señora de grandes ojos azules, me miró fijamente y sentenció: “No has tenido
suerte con los hombres”. ¡Joder! Parecía que lo llevase escrito en la cara…
Pero así era realmente.
No sé si era mi forma de ser, de actuar, de relacionarme, o que me habían
echado un mal de ojo. Pero las relaciones no eran mi fuerte.
En ciertas ocasiones me
dejaba llevar, en otras me lo pensaba todo demasiado, otras veces era simple
incompatibilidad, y otras… no sé ni cómo definirlo.
Con el tiempo he
empezado a notar cierta frialdad en mi comportamiento hacia miembros del sexo
opuesto. No es que sea una borde, es que creo que ahora mismo, no me apetece
estar con nadie.
Hubo un tiempo en el que
pensé, que no había superado mi última ruptura. Que algo se había quedado roto
dentro, o que alguna pieza del mecanismo de funcionamiento se había extraviado.
Pero no, no es eso.
Es inevitable, y no lo
voy a negar, sentirme sola en varias ocasiones. Hay veces que al cerrar la
puerta, un escalofrío recorre mi espina dorsal. Y que, si no fuese por Porter,
lo mismo lo llevaría peor.
A veces pienso, que es
un aprendizaje que estoy haciendo. Estoy aprendiendo a convivir conmigo. Quizás
cuando aprenda bien a cuidar de mí, pueda dar el paso, y volver a querer
abrirme a estar con otra persona.
En otras ocasiones (la
mayoría), lo disfruto. Me encanta remolonear en la cama los fines de semana.
Hacerme un “brunch” muy elaborado tal y como me gusta. Y pasarme la tarde en la
“chaise-longue” del sofá con Porter, viendo películas antiguas.
Me gusta como lo estoy
llevando, pero es cierto, que a veces, la soledad se tumba a mi lado y me echa
el brazo por encima. Y que cuando quedo con Carlos y Raquel, Ramón y Ricardo, y
Mónica, y cualquiera de sus conquistas, me siento un poco fuera de lugar.
Supongo que es más normal de lo que pienso el
sentirme así. Es contradictorio, porque creo, que no sé bien lo que quiero. O
que quizás me de miedo saberlo.
Mónica cogía un avión el martes por la mañana. Viaje
de negocios a Toulouse. “Me va a venir de perlas desconectar”, me dijo, “necesito
irme una temporada”.
Siempre he pensado que huir, no soluciona los
problemas, pero alivia un poco el dolor. “¿Vas a hablar con Raquel?”, pregunté,
aun sin saber si quería hacerlo. “Tú estás fatal, loqui. No puedo hacer eso. Este
tema tendré que aprender a llevarlo a mi manera. Siempre me ha funcionado. Te
traeré algo bonito. Cuídate, bombón”
Colgó el teléfono, y yo me quedé con el móvil en la
oreja unos segundos en “stand by”. No le dije que lo había visto. No venía al
caso.
Porter me empezó a rodear para que me fuese a la
cama. La verdad es que empezaba a refrescar bastante. Cuando voy a ponerme el
pijama, suena un mensaje en mi móvil de Ramón. Que si me apuntaba al cine con
él y Ricardo y luego unas cañas. No contesté. Lo dejé en silencio y me acosté.
Esa noche no sólo dormía con Porter. Ella se había tumbado a mi lado…
Comentarios
Publicar un comentario