Prepara café
Acabamos ebrios de alegría etílica y bailoteo. Ricardo resultó un tipo bastante divertido, y a Raquel, no se le borraba la sonrisa de la cara.
Mónica siempre estaba contenta, rara vez la habré visto con la cara larga, cabreada sí, pero triste muy pocas ocasiones.
Ramón tenía cara de estar en plena edad del pavo, con esa sonrisilla tonta que no puedes ni quieres disimular.
Y yo...reía a carcajadas, pero al llegar a casa, meter la llave en la cerradura, y saludar a Porter que siempre me espera en la puerta, me abordaba un sentimiento de pesadez y melancolía que no conseguía que desapareciera.
Es algo que aun hoy me sigue pasando, no con tanta frecuencia, eso si...Quizás se este convirtiendo en costumbre.
Me tumbo en la cama, sin desmaquillar, de lado, y Porter se hace hueco entre el angulo de mis piernas, su sitio favorito para dormir cuando hace frio.
Y voy dejando que poco a poco, se vayan disipando los pensamientos hasta que me duermo.
Abrí los ojos tras los maullidos desesperados de Porter, y decido levantarme después de esquivar varios intentos de despertarme con ronroneos en dolby sourround y pequeños mordiscos en el lóbulo de mi oreja izquierda...
La cabeza me iba a estallar. Cada vez noto mas las resacas, serán cosas de la edad...
Vuelve a sonar el fijo (¿en serio?).
"Dime, mariquita", contesto casi sin salirme la voz del cuerpo
"¿Que dices, loca? Soy Mónica" "Tengo algo que contarte, pero tiene que ser en persona. Voy para tu casa, llevo pan, prepara café"
La capacidad que tienen mis amigos de dejarme atónita, antes del café, es insuperable.
Confieso que me dio tiempo a tomarme un café y poner otra cafetera esperando a Mónica. Y a darme un duchazo, para espabilarme.
Suena el timbre...Abro la puerta.
Allí estaba ella, siempre perfecta, aunque viniese en vaqueros y con coleta. Pero,...estaba llorando.
"Pe..Pe...Pero...¿qué ha pasado?"
"Es sobre Carlos y Raquel. Ya no aguanto más. Ponme un café"
Mónica siempre estaba contenta, rara vez la habré visto con la cara larga, cabreada sí, pero triste muy pocas ocasiones.
Ramón tenía cara de estar en plena edad del pavo, con esa sonrisilla tonta que no puedes ni quieres disimular.
Y yo...reía a carcajadas, pero al llegar a casa, meter la llave en la cerradura, y saludar a Porter que siempre me espera en la puerta, me abordaba un sentimiento de pesadez y melancolía que no conseguía que desapareciera.
Es algo que aun hoy me sigue pasando, no con tanta frecuencia, eso si...Quizás se este convirtiendo en costumbre.
Me tumbo en la cama, sin desmaquillar, de lado, y Porter se hace hueco entre el angulo de mis piernas, su sitio favorito para dormir cuando hace frio.
Y voy dejando que poco a poco, se vayan disipando los pensamientos hasta que me duermo.
Abrí los ojos tras los maullidos desesperados de Porter, y decido levantarme después de esquivar varios intentos de despertarme con ronroneos en dolby sourround y pequeños mordiscos en el lóbulo de mi oreja izquierda...
La cabeza me iba a estallar. Cada vez noto mas las resacas, serán cosas de la edad...
Vuelve a sonar el fijo (¿en serio?).
"Dime, mariquita", contesto casi sin salirme la voz del cuerpo
"¿Que dices, loca? Soy Mónica" "Tengo algo que contarte, pero tiene que ser en persona. Voy para tu casa, llevo pan, prepara café"
La capacidad que tienen mis amigos de dejarme atónita, antes del café, es insuperable.
Confieso que me dio tiempo a tomarme un café y poner otra cafetera esperando a Mónica. Y a darme un duchazo, para espabilarme.
Suena el timbre...Abro la puerta.
Allí estaba ella, siempre perfecta, aunque viniese en vaqueros y con coleta. Pero,...estaba llorando.
"Pe..Pe...Pero...¿qué ha pasado?"
"Es sobre Carlos y Raquel. Ya no aguanto más. Ponme un café"
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