Sonaban Los Planetas
Empezó el año de una manera extraña.
Con la sensación de mareo de cuando bajas de una montaña rusa, o cómo si te acabaran de sacar del programa de centrifugado de una lavadora.
Había sido un otoño lluvioso, y era un invierno frío. Más solitario de lo que una quisiera, pero también más libre.
Recuerdo unos versos de un poema que leí en mi adolescencia que rezaba: "...libertad no conozco sino la de estar preso en alguien...". Y lo que en su día me pareció lo más romántico del mundo, hoy me parece una atrocidad.
Sí, tengo más de 35 y estoy soltera. No, no me he casado. Y no, no soy madre. Las preguntas instigadoras que, llegadas a cierta edad, te caen como losas cada dos por tres.
Sólo tengo un gato negro de mascota, que se llama Porter (No "Potter", como Harry, sino "Porter", como Cole).
Hacía ya un año y tres meses que había terminado con mi última pareja, y no me había ido demasiado bien en las relaciones personales. Ni antes, ni durante, ni mucho menos después.
Me imagino que estaréis pensando cual es el problema, ...Pero si lo supiera, supongo que no tendría nada que escribir.
Continúo...soy muy de saltar de conversación con frecuencia, es uno de mis múltiples talentos inútiles.
Pues eso, hacía frío y yo caminaba de la oficina hacia casa envuelta en una bufanda manta que apenas me dejaba ver. Los zapatos me apretaban, y aligeraba el paso para que la tortura terminase pronto.
Había sido un día muy aburrido de trabajo, y me moría de ganas de darme una ducha caliente y ponerme el pijama.
Nada más entrar por la puerta, sonó el fijo (¿Todavía hay gente que lo usa?). Era Ramón, mi amigo gay de toda la vida (o de muchos años) para preguntarme cómo había ido el día y volverme a insistir en que tengo que salir más, conocer a gente, bla, bla, bla...
Lo dejo con su monólogo mientras me descalzo y le echo pienso a Porter que no para de rozarse con mis piernas. Me comenta, Ramón, que el viernes hay un concierto de no sé que grupo en uno de los pocos locales que quedan que permiten música en directo. "Tenemos que ir, será divertido". Miedo me daban sus palabras.
Me considero una persona sociable, pero sí es cierto que de un tiempo a esta parte, me resultaba complicado el abrirme a conocer a nuevas personas. Resulta contradictorio, lo sé. Yo en mi misma soy una contradicción.
Ni siquiera sé cómo lo hice, pero acepté.
La semana transcurrió como era habitual, sin grandes sorpresas y llegó el ansiado viernes.
"¿Qué vas a ponerte?" "No llegues tarde, que te conozco" Los whatsapp no paraban de llegar. No entendía a que venía tanta insistencia.
Llegué tarde, pero sólo 10 minutos, y el concierto aun no había empezado. Ramón me dijo que me había dicho una hora falsa, porque sabía que no iba a ser puntual. Y que así nos tomábamos algo mientras tanto en la barra. Dentro estaban Mónica y Raquel que también venían al concierto.
Nada más entrar, se dibujó una sonrisa en mi cara. Sonaban Los Planetas, y el ambiente parecía acogedor.
Con la sensación de mareo de cuando bajas de una montaña rusa, o cómo si te acabaran de sacar del programa de centrifugado de una lavadora.
Había sido un otoño lluvioso, y era un invierno frío. Más solitario de lo que una quisiera, pero también más libre.
Recuerdo unos versos de un poema que leí en mi adolescencia que rezaba: "...libertad no conozco sino la de estar preso en alguien...". Y lo que en su día me pareció lo más romántico del mundo, hoy me parece una atrocidad.
Sí, tengo más de 35 y estoy soltera. No, no me he casado. Y no, no soy madre. Las preguntas instigadoras que, llegadas a cierta edad, te caen como losas cada dos por tres.
Sólo tengo un gato negro de mascota, que se llama Porter (No "Potter", como Harry, sino "Porter", como Cole).
Hacía ya un año y tres meses que había terminado con mi última pareja, y no me había ido demasiado bien en las relaciones personales. Ni antes, ni durante, ni mucho menos después.
Me imagino que estaréis pensando cual es el problema, ...Pero si lo supiera, supongo que no tendría nada que escribir.
Continúo...soy muy de saltar de conversación con frecuencia, es uno de mis múltiples talentos inútiles.
Pues eso, hacía frío y yo caminaba de la oficina hacia casa envuelta en una bufanda manta que apenas me dejaba ver. Los zapatos me apretaban, y aligeraba el paso para que la tortura terminase pronto.
Había sido un día muy aburrido de trabajo, y me moría de ganas de darme una ducha caliente y ponerme el pijama.
Nada más entrar por la puerta, sonó el fijo (¿Todavía hay gente que lo usa?). Era Ramón, mi amigo gay de toda la vida (o de muchos años) para preguntarme cómo había ido el día y volverme a insistir en que tengo que salir más, conocer a gente, bla, bla, bla...
Lo dejo con su monólogo mientras me descalzo y le echo pienso a Porter que no para de rozarse con mis piernas. Me comenta, Ramón, que el viernes hay un concierto de no sé que grupo en uno de los pocos locales que quedan que permiten música en directo. "Tenemos que ir, será divertido". Miedo me daban sus palabras.
Me considero una persona sociable, pero sí es cierto que de un tiempo a esta parte, me resultaba complicado el abrirme a conocer a nuevas personas. Resulta contradictorio, lo sé. Yo en mi misma soy una contradicción.
Ni siquiera sé cómo lo hice, pero acepté.
La semana transcurrió como era habitual, sin grandes sorpresas y llegó el ansiado viernes.
"¿Qué vas a ponerte?" "No llegues tarde, que te conozco" Los whatsapp no paraban de llegar. No entendía a que venía tanta insistencia.
Llegué tarde, pero sólo 10 minutos, y el concierto aun no había empezado. Ramón me dijo que me había dicho una hora falsa, porque sabía que no iba a ser puntual. Y que así nos tomábamos algo mientras tanto en la barra. Dentro estaban Mónica y Raquel que también venían al concierto.
Nada más entrar, se dibujó una sonrisa en mi cara. Sonaban Los Planetas, y el ambiente parecía acogedor.
¡OH MY GOOOOOOD! ¡YA LO HAS EMPEZADOOOO! 👏👏👏👏
ResponderEliminarJajajajajajaja...a ver lo que dura ;)Gracias por leerlo, bonita :)
Eliminar