Cicatriz
"Sé que me has echado de menos, así que ya estás tardando en reservar un brunch en el Jaba que tenemos mucho de qué hablar". Las notas de audio de Mónica siempre me hacían sonreír.
Llamé al sitio en cuestión y reservé. Es un local de moda, en el que hacen los mejores huevos Benedict de toda la ciudad.
Estaba decorado con un estilo moderno minimalista, y la música me tenía completamente enamorada. Sonaba J'Ai Deux Amours, interpretada por Josephine Baker. Soy de las que se emocionan con esos detalles.
Sorprendentemente, llegué puntual, y Mónica aun no estaba allí, lo cual me extrañó bastante.
Me arreglé a conciencia, haciendo un sobreesfuerzo, porque sabía que si Mónica me veía con mi sudadera vieja, en vez del brunch, pasaríamos automáticamente al tequila.
"Chica, estás divina. ¿Has follado?" Esos fueron sus buenos días.
"¿Dónde ha dejado su educación, señora ejecutiva?". Nos dimos un abrazo de los de verdad, y entramos.
"Paco, guapo, ponnos dos de los nuestros con extra de todo, que estoy hambrienta, y mi café muy cargado, y para la niña uno con leche de esa rara que toma ella".
"Bueno, cuéntame, ¿qué tal Toulousse?" Mónica, me narró su viaje de negocios con todo lujo de detalles, me encantaba oírla hablar, su manera de describir los lugares, entre brusca y descriptiva era única. Mientras comíamos, entre risas, y casi atragantándose me dijo: "Sé que tenía que haberte contado lo del divorcio de Julio, pero ese tío te hizo mucho daño. Nunca me terminó de cuadrar, y ahora, ¿a qué venía preguntarme por ti? Siento que hayas tenido que enterarte así."
"No te preocupes, Mónica. Pero, ¿cómo sabes que vi a Julio?" "Me mandaste un whatsapp, intuyo que borracha, que decía ^He visto a Julio. Eres una zorra.^"
Madre mía, sí que iba borracha, sí. No recordaba haber mandado aquel mensaje.
Pasé a contarle la historia de Julio y las copas rotas, y de como acabé en la cama de Aleksy sin siquiera pretenderlo. Y, también, de como me despedí de su casa, a la francesa.
"Eres de lo que no hay...Si me dices que es de esos de los que en cuanto amanece te dices "en qué estaba yo pensando anoche", todavía lo entiendo. Pero sé quien es el polaco amigo de Carlos...Estás para encerrarte."
Rompí a llorar. "Creo que aun tengo cosas que resolver, o quizás sea miedo, no lo sé Mónica, no sé por qué lo hice. Lo mismo me he acostumbrado a estar sola, y no quiero que nada cambie."
Se levantó y me dio un abrazo con la boca llena.
"No pasa nada, no es malo sentirse así, de hecho, es de lo más normal. Hiciste lo que te apeteció en aquel momento, todo está bien".
"Pero me preocupa." "No le des más vueltas. ¿Vas a comerte eso?". "No, todo tuyo."
Después del brunch, nos fuimos a dar un paseo por el puerto. Hablamos de Raquel y Carlos, pero muy por encima. Mónica decía que había empezado a asimilar que no podía ser. Tampoco quise insistirle. Luego cambió de tema y me preguntó por el miembro de Aleksy, así es ella.
Me llega un mensaje al móvil. "¿Es tu polaco del amor?" "No", contesté. "Es David".
"¿Qué dices? ¿En serio?"
La historia de David fue, cuanto menos peculiar. Apareció en un momento complicado de mi vida. Nunca terminó de convencerme, pero porque tengo un problema serio con los hombres. Aunque según Mónica, no era yo el problema.
Nos conocimos en una exposición de fotografía de un amigo común. Él llevaba a su sobrino, que se soltó de su mano, y salió corriendo chocándose contra mis piernas. Me pidió perdón, y se quedó mirando mi camiseta de Sonic Youth (o mis tetas, según Mónica). Empezamos a hablar de música y fotografía, pero con el pequeño dando vueltas, poco más pudimos hacer.
Nos volvimos a encontrar por casualidad en una vinoteca en la que había quedado con Mónica. Él iba con un par de chicas y se acercó por detrás susurrándome al oído Sugar Kane. Nos invitó a un vino y me pidió el teléfono, con la excusa de que iba a conseguir entradas gratis para un concierto de un grupo local, que sonaban con toques de Sonic Youth y que seguro me iba a gustar.
Me lo pasaba en grande con David. Siempre estábamos de aquí para allá. Era todo muy frenético. Y el sexo, de lo mejor que he experimentado en mi vida. Entre David y yo había química, mucha química. Pero nuestra relación fue como una vuelta en una montaña rusa. Todo era muy visceral, muy salvaje. Sobre todo nuestras discusiones. Si hay una palabra para describir lo que viví con David, era PASIÓN. Para lo bueno, y lo malo. Tanto era así, que acabé enamorándome de él. Y, por consiguiente, me rompió el corazón. Tardé bastante en recuperarme de aquello.
De hecho, al leer el mensaje, después de tanto tiempo, un extraño escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Es como cuando tienes una cicatriz de algo que te dolió mucho, y de repente, empezaba a picar de nuevo.
Llamé al sitio en cuestión y reservé. Es un local de moda, en el que hacen los mejores huevos Benedict de toda la ciudad.
Estaba decorado con un estilo moderno minimalista, y la música me tenía completamente enamorada. Sonaba J'Ai Deux Amours, interpretada por Josephine Baker. Soy de las que se emocionan con esos detalles.
Sorprendentemente, llegué puntual, y Mónica aun no estaba allí, lo cual me extrañó bastante.
Me arreglé a conciencia, haciendo un sobreesfuerzo, porque sabía que si Mónica me veía con mi sudadera vieja, en vez del brunch, pasaríamos automáticamente al tequila.
"Chica, estás divina. ¿Has follado?" Esos fueron sus buenos días.
"¿Dónde ha dejado su educación, señora ejecutiva?". Nos dimos un abrazo de los de verdad, y entramos.
"Paco, guapo, ponnos dos de los nuestros con extra de todo, que estoy hambrienta, y mi café muy cargado, y para la niña uno con leche de esa rara que toma ella".
"Bueno, cuéntame, ¿qué tal Toulousse?" Mónica, me narró su viaje de negocios con todo lujo de detalles, me encantaba oírla hablar, su manera de describir los lugares, entre brusca y descriptiva era única. Mientras comíamos, entre risas, y casi atragantándose me dijo: "Sé que tenía que haberte contado lo del divorcio de Julio, pero ese tío te hizo mucho daño. Nunca me terminó de cuadrar, y ahora, ¿a qué venía preguntarme por ti? Siento que hayas tenido que enterarte así."
"No te preocupes, Mónica. Pero, ¿cómo sabes que vi a Julio?" "Me mandaste un whatsapp, intuyo que borracha, que decía ^He visto a Julio. Eres una zorra.^"
Madre mía, sí que iba borracha, sí. No recordaba haber mandado aquel mensaje.
Pasé a contarle la historia de Julio y las copas rotas, y de como acabé en la cama de Aleksy sin siquiera pretenderlo. Y, también, de como me despedí de su casa, a la francesa.
"Eres de lo que no hay...Si me dices que es de esos de los que en cuanto amanece te dices "en qué estaba yo pensando anoche", todavía lo entiendo. Pero sé quien es el polaco amigo de Carlos...Estás para encerrarte."
Rompí a llorar. "Creo que aun tengo cosas que resolver, o quizás sea miedo, no lo sé Mónica, no sé por qué lo hice. Lo mismo me he acostumbrado a estar sola, y no quiero que nada cambie."
Se levantó y me dio un abrazo con la boca llena.
"No pasa nada, no es malo sentirse así, de hecho, es de lo más normal. Hiciste lo que te apeteció en aquel momento, todo está bien".
"Pero me preocupa." "No le des más vueltas. ¿Vas a comerte eso?". "No, todo tuyo."
Después del brunch, nos fuimos a dar un paseo por el puerto. Hablamos de Raquel y Carlos, pero muy por encima. Mónica decía que había empezado a asimilar que no podía ser. Tampoco quise insistirle. Luego cambió de tema y me preguntó por el miembro de Aleksy, así es ella.
Me llega un mensaje al móvil. "¿Es tu polaco del amor?" "No", contesté. "Es David".
"¿Qué dices? ¿En serio?"
La historia de David fue, cuanto menos peculiar. Apareció en un momento complicado de mi vida. Nunca terminó de convencerme, pero porque tengo un problema serio con los hombres. Aunque según Mónica, no era yo el problema.
Nos conocimos en una exposición de fotografía de un amigo común. Él llevaba a su sobrino, que se soltó de su mano, y salió corriendo chocándose contra mis piernas. Me pidió perdón, y se quedó mirando mi camiseta de Sonic Youth (o mis tetas, según Mónica). Empezamos a hablar de música y fotografía, pero con el pequeño dando vueltas, poco más pudimos hacer.
Nos volvimos a encontrar por casualidad en una vinoteca en la que había quedado con Mónica. Él iba con un par de chicas y se acercó por detrás susurrándome al oído Sugar Kane. Nos invitó a un vino y me pidió el teléfono, con la excusa de que iba a conseguir entradas gratis para un concierto de un grupo local, que sonaban con toques de Sonic Youth y que seguro me iba a gustar.
Me lo pasaba en grande con David. Siempre estábamos de aquí para allá. Era todo muy frenético. Y el sexo, de lo mejor que he experimentado en mi vida. Entre David y yo había química, mucha química. Pero nuestra relación fue como una vuelta en una montaña rusa. Todo era muy visceral, muy salvaje. Sobre todo nuestras discusiones. Si hay una palabra para describir lo que viví con David, era PASIÓN. Para lo bueno, y lo malo. Tanto era así, que acabé enamorándome de él. Y, por consiguiente, me rompió el corazón. Tardé bastante en recuperarme de aquello.
De hecho, al leer el mensaje, después de tanto tiempo, un extraño escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Es como cuando tienes una cicatriz de algo que te dolió mucho, y de repente, empezaba a picar de nuevo.
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